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IIEP en los medios


Miercoles 24, octubre, 2018

La predicción de los procesos económicos a través de las opiniones en los diarios

La predicción de los procesos económicos a través de las opiniones en los diarios Daniel Aromi es profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, pero también es investigador, y su principal área de interés es la economía conductual y sus aplicaciones. La economía conductual tiene como objetivo mejorar la comprensión de los procesos de aprendizaje y el comportamiento de los actores económicos. En este constante camino es que Aromi desarrolló un sistema a través del cual logró medir los distintos niveles de optimismo de la opinión pública. Luego de analizarlos, llegó a la conclusión de que, cuando dicho optimismo está en alza, lo que le sucede es una crisis económica. Y de esta manera lo cuenta: “La idea es aprender a medir opiniones que, inicialmente, están expresadas en lenguaje natural y tratar de volcarlas y mapearlas hacia indicadores que resuman mucha información de forma que se resuelvan la mayor parte de las ambigüedades del lenguaje. Por ejemplo, medir el tono de las opiniones con respecto a la economía argentina para que sirva a quienes tienen que tomar decisiones acerca de una posible inversión. Para ello nos basamos en la opinión pública, cuya fuente principal son las noticias en la prensa de medios que tienen presencia global y que hablan de economía”, sostiene, y agrega: “Al generar estos indicadores se resume mucha información, la cual es difícil de entender. Nosotros, día a día, leemos los diarios y tenemos alguna idea de hacia dónde van las opiniones, pero este trabajo sería un esfuerzo por resumir esa información automáticamente, la cual puede ser útil tanto en el día a día como para realizar estudios académicos. De esta manera, podemos tratar de entender por qué sucedió una crisis, una reversión económica o un proceso de crecimiento”. -Este tipo de estudio es para entender por qué sucedieron determinados procesos, pero también para prevenir los que puedan suceder. -Exacto, estos análisis nos podrían ayudar a tomar mejores decisiones, prevenir errores o disminuir la frecuencia con la que ocurren. “Las personas reciben noticias, si las noticias son buenas, son demasiado optimistas, entonces, en promedio, mañana se llevan sorpresas negativas porque se inflaron demasiado las expectativas y la realidad las decepciona. Y al revés”. -¿Cómo se lleva a cabo en la práctica este tipo de trabajos? -El primer paso es conseguir grandes cantidades de texto digitalizado. En algunos casos se puede ir a las páginas webs de los diarios y, a través de un programa, bajar toda la información disponible. Lo que hice para un análisis fue bajar todos los titulares, desde 1890 hasta la actualidad, del Wall Street Journal, lo cual da un total de 4,5 millones de artículos. Esto, por un lado, es una gran oportunidad, pero por otro es un problema, porque es tanta la información que uno se pregunta cómo la ordeno, cómo la proceso. Porque esta información está expresada en un lenguaje informal, no están muy claras las reglas y hay muchas ambigüedades. Lo primero que hay que aclarar es que uno tiene que pensar esto como un trabajo en desarrollo. Y la solución para volcar todo esto en indicadores que nos sean de utilidad. Afortunadamente, hay bastantes antecedentes en la literatura. En este caso lo que hice fue explotar una lista de palabras negativas que fue generada hace 50 años por lingüistas en Estados Unidos, quienes les hicieron miles de preguntas a muchas personas para que clasifiquen determinadas palabras como positivas y otras como negativas, lo cual da una lista de 2 mil palabras negativas que uno puede utilizar para generar un índice preliminar. Mi primer ejercicio tiene que ver con contar las palabras negativas dentro de un texto que, por ejemplo, se refiera a la Argentina. Me detengo en un determinado año y cuento cuál es la fracción de palabras negativas sobre el total y esa es la medida preliminar de optimismo. -A menor fracción de palabras negativas, mayor optimismo, y viceversa. -Exacto. Ese es el primer índice, el cual utilicé varios años. Pero últimamente traté de ver cómo pulir el análisis en función de esos índices que iba descubriendo. Me refiero a tratar de asignarle determinados valores a palabras individuales. Y fui descubriendo que había palabras que estaban en la lista de negativas, pero que no lo eran tanto o que, por el contrario, eran positivas. Por ejemplo, la palabra “minas” estaba clasificada hace 50 años como palabra negativa, porque se refería a las minas de guerra, a explosivos. Y hoy, en el contexto económico, una mina hace referencia a la explotación de recursos económicos, lo cual viene de la mano de tiempos de expansión. Otro caso es el de la palabra “capital”, asociada muchas veces a la pena capital, sin embargo, en el contexto que estudio tiene que ver con el financiamiento de inversiones. Es por eso que la interpretación del lenguaje tiene que tener en cuenta el contexto en que ese lenguaje se utilizó. Puede variar de una época a otra, como también entre distintas secciones del diario. No es lo mismo la sección de espectáculos o policiales, que la de economía. -Estas predicciones económicas, ¿se pueden validar en función de los aciertos que obtuviste al haber hecho un correlato acertado de la historia económica analizada y las noticias publicadas en ese mismo periodo? -Sí, el aprendizaje está relacionado con ver, en la historia, cuáles eran las asociaciones que se observaban. Uno trata de validar los análisis en función de la historia y la apuesta es que la historia es informativa acerca de lo que va a pasar más adelante. Eso nos puede ayudar a interpretar mejor las opiniones del momento y, al mismo tiempo, en función del escenario medido, qué nos toca esperar a futuro. -¿Cómo es que en función del análisis económico pasado se puede predecir lo que puede suceder en el futuro? -Existen análisis estadísticos acerca de los niveles de optimismo y las sorpresas que los suceden. Hay dos ejercicios principales sobre los que estoy trabajando. Uno es el de las sorpresas en torno al crecimiento económico, por el cual tengo una medida de sorpresa que es la diferencia entre cuánto se esperaba que creciera la economía y cuánto terminó creciendo. Y, lo que logré observar es que hay una asociación entre nivel de optimismo y sorpresa: mayores niveles de optimismo van asociados a sorpresas más negativas, lo cual es consistente con la idea de que solo hay reacción. Las personas reciben noticias, si las noticias son buenas, son demasiado optimistas, entonces, en promedio, mañana se llevan sorpresas negativas porque se inflaron demasiado las expectativas y la realidad las decepciona. Y al revés. Ante las malas noticias nos volvemos demasiado pesimistas y, en promedio, mañana la realidad nos sorprende positivamente y nos va mejor de lo que esperábamos. -¿Esto se puede aplicar a niveles macro de la economía? -Algo parecido sucede en los mercados financieros. Es de esperar que haya cierta consistencia entre las sorpresas que se observa en términos de crecimiento económico y la evolución de los precios de los activos. Es decir, buenos tiempos anticipan desempeños malos en la bolsa. Y, por supuesto, al revés. -¿Existe algún plazo de tiempo de permanencia del optimismo/pesimismo antes de que llegue un periodo económico contrario? -Esto ocurre a baja frecuencia, en periodos aproximados de cinco años. Mido el nivel de optimismo cada cinco años y observo cuál es el valor predictivo con respecto a los próximos cinco años. En promedio se observa que, si en los cinco años que recién terminaron hubo un shock de optimismo, en los cinco años que vienen después va a haber un shock negativo en términos de las noticias. Es el escenario en el que esperabas vivir, versus el escenario en el que te toca vivir. -¿Esto quiere decir que entre estos dos ciclos, el primero positivo y el segundo negativo, hubo una crisis económica que derivó en el pesimismo final? -Hay distintos componentes de esta explicación. Una posible explicación es la más psicológica, si se quiere, y es que cuando la gente se vuelve más optimista luego esto tiende a revertirse. Pero también hay un costado económico, y el que indica que un escenario de optimismo te lleva a tomar ciertas decisiones. Si vos pensas que mañana vas a ser rico, lo que haces a partir de ese instante es empezar a consumir. ¿Por qué vas a ahorrar hoy si mañana vas a ser rico? Y eso te lleva a un mayor consumo. O, si pensas que la economía tiene un futuro muy bueno, empezas a invertir, y muchas veces esas inversiones no son tan redituables como lo esperabas. También se puede pensar en decisiones de gobierno. Un gobierno que espera un gran futuro no siente que hoy tenga que hacer grandes sacrificios, sobre todo si cree que las cosas van a andar bien así como están. Así, se pueden ver los grandes déficits fiscales que experimentó la Argentina asociados a creer que hay un buen escenario futuro. Luego, ese escenario no se concreta y así se llega a una crisis. Entonces, por ejemplo, no se ahorra, pensando que igualmente mañana voy a tener muchos ingresos que me van a permitir pagar la deuda que estoy tomando hoy. Y no solo tiene que ver con que se gasta demasiado, sino con muchos otros casos, como invertir en proyectos que luego no resultan ser tan convenientes como se esperaban. -Según este análisis a lo largo de los años, parecería inevitable pensar que cuando sentimos que nos va bien, en realidad deberíamos prepararnos para un escenario negativo. -A veces tengo miedo de comunicar esto como una relación inevitable. Lo que reporto son asociaciones estadísticas. Y, cuando las cosas andan bien, en promedio se observan este tipo de sorpresas, lo cual no quiere decir que sea inevitable. Lo que también podemos pensar es que la documentación de este tipo de asociaciones puede llevar a tomar decisiones más precavidas. Entonces, si uno supiese que, sistemáticamente, el optimismo está asociado a sorpresas que pueden ser negativas, se debería ser más cauteloso a la hora de tomar decisiones, como lo pueden ser el endeudamiento, el consumo o las inversiones. Por ende, esta asociación negativa podría mitigarse y así cambiar el mapeo hacia adelante. -¿Cómo osciló el optimismo y el pesimismo a lo largo de los años de la economía argentina que analizaste? -Con respecto a la Argentina, nunca detecté tanto optimismo como en 1993, y esto lo atribuyo, en parte, al desempeño económico de aquel entonces, cuando los niveles de crecimiento y económico habían sido positivos. Lo que ese optimismo no contempló fueron las vulnerabilidades que había detrás de dicho proceso de crecimiento. Y al ser ignoradas estas vulnerabilidades y no tomar medidas al respecto, el entusiasmo fue en aumento. A partir de 1995, asociada a la crisis producto del efecto tequila, se notó un retroceso de ese optimismo. Y se mantuvo un nivel medio de optimismo hasta el 2001, donde se revirtió el escenario y se vieron reflejados en los índices todas las opiniones asociadas a la crisis que se estaban desarrollando en la Argentina. Este pesimismo del 2001 es similar al que pude observar en 1989, asociado a la hiperinflación, y al que se vivió a principio de los ’80 con la crisis de la deuda y la guerra de Malvinas, y previo a la llegada de la democracia. Volviendo más acá en el tiempo, a partir del 2002 y 2003, crecieron nuevamente los niveles de optimismo hasta el 2013, año en que finalicé el análisis, sin embargo ese optimismo nunca llegó a lo que se observó durante los ’90. -¿Para realizar este análisis a qué medios recurriste? -Utilicé The Economist, el Financial Times y el Wall Street Journal. Con respecto a los medios nacionales, lo que ocurre es que tengo una gran limitación con respecto a la disponibilidad de datos, ya que La Nación, que es el diario que mejor archivo tiene, recién arranca en el año 1997. Es poco tiempo para analizar, sobre todo los pronósticos de mediano plazo. Sin embargo, por lo que pude ver, la sección económica de La Nación también reflejaba, en los años 2006 y 2007 altos niveles de optimismo, incluso mayores a los observados en los medios internacionales. Y no podría decirse que La Nación era un medio alineado con el gobierno del momento. El trabajo que hice con La Nación tuvo que ver con análisis de más corto plazo, y pude observar cómo, en ese lapso de tiempo, el contenido del diario en un trimestre te ayuda a predecir el crecimiento del PBI del trimestre siguiente. A mayor cantidad de palabras positivas, mayor crecimiento del PBI, y viceversa. Y fijate cómo se invierten los signos cuando el análisis es a cinco años, donde se produce la reacción inversa: a mayor optimismo le precede una crisis. En el mercado financiero está documentado que estos son fenómenos de sub reacción y sobre reacción. A corto plazo se documenta sub reacción, esto quiere decir que los mercados financieros no documentan toda la información relevante. Y, a largo plazo, sobre reacción. Es decir, hubo buenas noticias que se sostuvieron en el tiempo y, para que se entienda, los mercados se pasaron de rosca, se infló una burbuja que se terminó pinchando. -¿Estos trabajos los realizas en forma multidisciplinaria? -Sí, me apoyo en contribuciones desarrolladas por lingüistas y un campo muy activo y que se está expandiendo mucho, que es el procesamiento de lenguaje natural, que es un área de las ciencias de la computación. Hay una gran cantidad de profesionales y académicos que están trabajando en este mapeo que lleva el lenguaje natural a indicadores matemáticos que luego, eventualmente, podrían mapear a la inversa, de indicadores matemáticos a lenguaje natural. Y un paso siguiente es aplicar algunas formas de aprendizaje no lineal que se llaman redes neuronales, que tiene mucha discusión en esta área de procesamiento de lenguaje natural. -¿Se podrían utilizar las redes sociales para hacer este tipo de mapeo? -Hay investigadores que están utilizando Twitter para realizar indicadores de optimismo y pesimismo. Cuando uno mira hacia adelante solo se ve que esto va a seguir creciendo. Entonces las herramientas tienen que ser cada vez más sofisticadas, porque todo el tiempo hay mayor cantidad de datos.

Sabado 15, septiembre, 2018

El impacto de la suba del dólar Con la inflación en alza, ya exploran la idea de acordar precios y salarios

El impacto de la suba del dólar  Con la inflación en alza, ya exploran la idea de acordar precios y salarios  (por Ezequiel Burgo) Para muchos economistas la clave pasa ahora por evitar una espiral que desemboque en la apreciación del peso. El viernes se cumplieron diez años de la crisis de Lehman Brothers. Entre muchas de las cosas que se escribieron en estos días en la prensa global, sobresale la idea de que en las crisis nadie sabe nada, pero principalmente, quienes toman decisiones. La volatilidad cobra intensidad, la descoordinación de los go gobiernos crece, los pronósticos erran y así la incertidumbre aumenta. Salvando las distancias -el episodio Lehman gatilló una recesión global, la peor en 80 años-, la crisis argentina actual deja acaso el mismo sabor: los responsables lucen confundidos y descoordinados. El Gobierno recurrió a una fórmula ortodoxa para frenar la volatilidad cambiaria: ajuste fiscal, suba de tasas, encajes y un paquete con el FMI para quebrar las expectativas negativas del mercado y la presión sobre el dólar. La apuesta de Macri-Dujovne es que funcione algo que se llama‘rol catalizador’ del FMI: su sello bajaría el riesgo país.   Los pasos dados hasta el momento no arrojaron resultados. Todavía existe una indefinición sobre el manejo del dólar y a dos meses de firmar el acuerdo, el tipo de cambio saltó 35% sólo en agosto. Las consecuencias de ese movimiento brusco se sentirán. Elypsis estimó que la inflación en la segunda semana de septiembre fue de 2,5%-3%, igual ritmo que en la primera. El mes daría 6%. “El escenario optimista es una tasa de 45% en el año”, dice Gabriel Zelpo, de la consultora. ¿Y ahora? Quizá por la amenaza que entabla esta aceleración inflacionaria, y pese a que la Argentina negocia un nuevo programa con el FMI y el Central una regla de intervención cambiaria, tanto en el entorno de Macri como en el de los economistas privados se menciona la necesidad de concretar un acuerdo o esquema entre el Gobierno, empresarios y sindicatos para frenar la indexación de la economía ante la suba del dólar. ¿Quiénes hablan de la necesidad de algún acuerdo entre Gobierno, empresarios y sindicatos? Economistas de visiones y generaciones diferentes. Aclaran todos ellos: son medidas que funcionan por un período y dentro de un contexto determinado como ser un plan de estabilización. El macrismo (desde los debates en la Fundación Pensar) descartó siempre este menú de opciones. Pero ese contexto cambió y encima no logró quebrar la inercia inflacionaria. Miguel Kiguel, economista y autor de un trabajo sobre planes heterodoxos para frenar la inflación, explica que “en la práctica algún tipo de coordinación es necesaria entre las tasas altas, el ajuste fiscal, la intervención del Central en el mercado cambiario y un acuerdo de este tipo”. Hablar de estos mecanismos implica muchas veces la idea (¿falsa?) de que en la Argentina y el mundo fracasaron. Al menos así ha pasado con las acciones compulsivas. “Por eso debe ser un acuerdo de caballeros, establecer una pauta de suba para adelante y en sectores específicos, precios puntuales de alimentos o medicamentos. Puede ayudar como en 2002 lo hizo la mesa de diálogo”, dice Kiguel. Tampoco es cierto que no hayan funcionado en el mundo: España a finales de los setenta, Israel en los ochenta y Chile en los noventa. Tres economías que partieron de niveles de inflación cercana a 30% y lograron desinflarse en diez años. Eduardo Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la UTDT, aclara. “La mala fama viene de la década del ochenta cuando Argentina tenía déficit fiscal crónico que se financiaba con emisión”. El economista explica que si un Banco Central emite por arriba de una pauta en el marco de una herramienta así, “el acuerdo se rompe”. Lo mismo si se otorgan aumentos salariales arriba de lo estipulado. Un informe de Goldman Sachs comentó esta semana que “el desafío principal de Argentina es evitar una apreciación significativa del peso o una espiral de precios-salarios que erosione la ganancia de competitividad cambiaria que se ganó en los últimos meses”. El Estudio Broda calcula un dólar a $ 56 a fin de 2019 por ejemplo para evitar un deterioro así. La herramienta que utiliza el Gobierno hasta el momento para defender esa competitividad y una escalada mayor de la inflación fue no reabrir las paritaria. ¿Pero por cuánto tiempo lo conseguirá? En el entorno de Cambiemos un sector desliza que un acuerdo es más necesario que nunca para ordenar las expectativas de inflación, evitar así la erosión de la ventaja cambiaria y un aumento de la conflictividad social. Alfonso Prat-Gay, cuando era ministro, se pronunció a favor. Sin embargo, otra ala del Gobierno insiste que estas herramientas no han funcionado en el pasado o que aún no están dadas las condiciones. “Además, tenemos precios cuidados”, se jactan. Para Daniel Heymann, macroeconomista y profesor de la UBA, estos acuerdos son más bien de “un instrumento macroeconómico” y que “Precios Cuidados sirve más para sostener el salario real”. Según Elypsis, los Precios Cuidados equivalen a 0,1% de la lista total de costos de la economía. ¿Y las paritarias? ¿acaso no son una forma de acuerdo de precios y salarios? El Gobierno siempre se ha resistido a explicitar una pauta general. Apostó más bien a que cada empresa y sector negociara a lo largo del año. Pero dado el actual contexto, ¿es la mejor estrategia? “La pregunta relevante es si la paritaria se va a fijar a partir de la interacción descoordinada de muchas empresas y sindicatos actuando aislados, o a partir de una acción coordinada que nos permita evitar una aceleración excesiva de la inflación” dice Iván Stambulsky, economista de la UBA. Por último, casi una digresión técnica pero que bien vale para explicar la dificultad de dar un paso así o que requiere tener los cálculos bien hechos. “Hace falta definir una trayectoria de inflación realista, un programa monetario consistente, un sendero del tipo de cambio que preserve el valor del peso y una regla de intervención del Banco Central para defender la moneda”, dice Levy Yeyati. Conclusión: una vez que la macroeconomía dé señales concretas de estabilidad, entonces un acuerdo sí podría acortar la inercia inflacionaria. Pero no antes. Tal vez por ello hayan fallado en Argentina. “Creo que algún esquema político hará falta en el país”, dice Marina Dal Poggetto, directora de Eco Go. Los famosos Pactos de la Moncloa en España, de los que tanto se habla, fueron en buena medida un Pacto Social para bajar una inflación de 27%.

Viernes 07, septiembre, 2018

Retenciones a los servicios, una medida inédita.

Retenciones a los servicios, una medida inédita (Por Juan Manuel Repetto) La decisión del Gobierno de aplicar retenciones a las exportaciones de servicios representa un hecho inédito en la Argentina y apunta a un sector, el de los llamados servicios basados en conocimiento, que en las últimas décadas experimentó un fuerte crecimiento, llegando a generar ventas anuales al exterior por 6.200 millones de dólares. Así se expresó Andrés López, investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP-BAIRES) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, quién estudia el sector de los servicios, y en particular aquellos basados en conocimiento. López recordó que el Gobierno actual definió a los servicios basados en conocimiento como un sector clave de la economía argentina. Así se pronunció repetidas veces el Ministerio de Producción e incluso el mismo presidente Mauricio Macri. Y advirtió si bien las medidas actuales, que aplican una retención de 4 pesos por cada dólar exportado, aún deben ser avaladas por el Congreso, ya generaron reclamos entre los referentes del sector. El investigador destacó las transformaciones que registró el sector en las últimas décadas: “Hoy, además de lo servicios que exportamos tradicionalmente, como turismo o fletes, desde hace al menos 15 años vendemos a otros países cantidades considerables de servicios basados en conocimiento, que incluyen software, informática, contabilidad, gestión de recursos humanos, ingeniería, investigación y desarrollo, diseño y arquitectura, entre otros”. Continuar leyendo

Lunes 24, septiembre, 2018

Feminización de la pobreza: cómo impacta el ajuste en las políticas de género

Los planes de ajuste y la caída de la actividad impactan más en las mujeres, que participan de la economía con los empleos de segmentos más informales. El recorte del gasto también siembra dudas sobre la posibilidad de implementar políticas de cuidado, como proponen todos los especialistas, para poder mejorar la participación de las mujeres en el mercado laboral.  “Hay un primer déficit importante que es la informalidad”, señala la economista Roxana Maurizio, investigadora del Instituto Interdisciplinario de Economía Política, IIEP (UBA-Conicet). Dentro del 34% de trabajo en negro, en las mujeres la cifra sube a 37% mientras que para los hombres es el 32%, detalla en base a los últimos números oficiales disponibles. “Eso es esperable que se agrave con las turbulencias macroeconómicas”, agrega. Y marca que un cuarto de la informalidad se concentra en el servicio doméstico. Pese a los intentos de regularización, más del 70% de las mujeres que trabajan en casas particulares están en negro. Con la caída de la actividad a partir del segundo trimestre de este año, se prevé un deterioro del empleo. “La tasa de desempleo ya era de 9%”, señala Maurizio. Pero en las mujeres era del 11% y en las jóvenes, del 21%, remarca para poner en evidencia el mayor impacto sobre las mujeres que esconde el promedio. “Si se confirma una caída del -2,4% del PBI, eso implica que el desempleo aumentaría, salvo que se reduzca la tasa de participación económica”, explica la especialista en mercado de trabajo y protección social. A eso se suma la inestabilidad ocupacional, de ingresos. “Las mujeres tienen tasas más altas de rotación y salida que triplican las de los hombres”, remarca. Y también se agrega la discriminación salarial. De fondo. En el mediano plazo “es necesario avanzar con un sistema nacional de cuidado”, recomienda Maurizio, en línea con muchos especialistas. “Son sistemas que reducen las limitaciones que tienen las mujeres para participar del mercado de trabajo”.  “Las personas con mejores niveles socioeconómicos tienen más acceso al sistema de cuidado privado. La falta de un servicio público reproduce el círculo vicioso de falta de oportunidades en las mujeres de menores ingresos”, detallaba la economista Corina Rodríguez Enríquez, Investigadora del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas, en un seminario en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA la semana pasada. “La feminización de la pobreza estuvo creciendo mientras que en el resto de América Latina se redujo”, agregó.  Las licencias extendidas para los padres quedaron pendientes por estar atadas a la reforma laboral. “Esta coyuntura no debería detener la extensión de derechos a mujeres, menores y adultos mayores que deberían tener este sistema de cuidado para estar más protegidos”, sostiene Maurizio. Agustina Señoranz, subsecretaria de Promoción Social, Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires puso como ejemplo los centros de la primera infancia, que hoy cubren sólo el 20% de la demanda de cuidado. “Hay 76 centros de primera infancia que abarcan a 11 mil chicos. Se priorizan las vacantes para contextos de vulnerabilidad social”, asegura.  Para evitar que se agrave en el cuadro de recesión, Maurizio considera que es necesario “apuntalar y seguir tratando de reducir la informalidad en el sector de empleadas de casas particulares”, sostiene, además de –ante todo– evitar la destrucción de puestos de trabajo formales. En la experiencia internacional, las inspecciones ayudan. Como no se puede entrar en los hogares, recoge el ejemplo de Chile y Colombia, donde esperan a que las empleadas salgan de las casas para fiscalizar. La AFIP intimó en los últimos meses a quienes estimó que contaban con personal doméstico, en base a sus ingresos. Otra medida recurre a las transferencias de ingresos, los subsidios. “Hay que mejorar la coordinación entre los programas y extender la cobertura a quienes están en una situación laboral compleja”, agrega. Y remarca que el “seguro contributivo de desempleo cubre sólo al 10% de los desocupados, porque al sector informal no se lo cubre”.  Por otra parte, marca que es necesario ampliar la cobertura de la asignación universal por hijo, tanto en beneficiarios como en monto. Según las estimaciones, falta cubrir a 1,5 millón de chicos mientras que el monto actual no llega a cubrir una canasta alimentaria básica.  (Fuente www.perfil.com  Patricia Valli) 

Viernes 07, septiembre, 2018

Dólar: Argentina tiene el traspaso a precios más alto de América Latina

Dólar: Argentina tiene el traspaso a precios más alto de América Latina (por Santiago Lilo) El país tiene un bajo coeficiente de importaciones a PIB, pero el impacto es brusco porque no están ancladas las expectativas inflacionarias como en Chile, Perú, Colombia o Brasil. Cuando la economía local sufre una devaluación es esperable que los agentes trasladen parte de ésta y suba del tipo de cambio a sus precios, un fenómeno conocido como pass through. Si bien se ha vuelto un mecanismo habitual en el mercado, una investigación realizada por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) revela que la Argentina es el único país de la región que aún no ha logrado disociar los movimientos del dólar con la inflación. “El problema del pass through elevado no es un fenómeno específico de nuestro país. La mayoría de las economías de la región, por no decir todas, lo han padecido durante décadas. El punto es que éstas han podido solucionarlo, y nosotros no”, dijo Santiago Cesteros, el investigador del IIEP que encabezó el estudio, bajo la tutela del macroeconomista Daniel Heymann. Los datos son claros. Por ejemplo, Brasil y Colombia sufrieron una devaluación promedio de su tipo de cambio en el 2015 de casi 40%, y la inflación ese año fue de 10 y 5%, respectivamente. Lo mismo sucedió con Chile y Perú en el 2015 que, con una depreciación cambiaria de 15 y 12%, la aceleración de los precios de estas economías fue, en promedio, de 4 y 3 por ciento. “En estas economías, devaluaciones, digamos, de 30 o 40%, implican subas de precios relativamente bajas”, afirmó. El caso argentino va por el camino contrario. La relación entre precios y devaluación se mantuvo elevada en los últimos años. Es así que, cuando el exministro de Economía, Axel Kicillof, devaluó en el 2014 al peso en 49%, la inflación ese año terminó en 37 por ciento. La tendencia alcista del pass through se verifica aún más con la salida del cepo cambiario a fines del 2015. Entre diciembre de ese año y noviembre del 2016, se registró una devaluación de 62%, que provocó parte de la suba de precios de 37%, según compara el estudio. Para Cesteros, la receta que logró cortar con el fenómeno del alto pass through en las economías vecinas fue la aplicación de metas de inflación pero, aclara, en contextos macroeconómicos estables. “En todos los casos de la región, las metas de inflación fueron impuestas por los bancos centrales después de varios años de caída de la inflación”, aclaró. Este proceso se dio en Chile, Brasil, Colombia y Perú entre 1999 y 2002. La versión más difundida en la academia que explica por qué la Argentina no logra escapar a este fenómeno es por su estructura productiva: una industria poco diversificada que importa gran parte de los insumos y que, ante una devaluación, traslada al precio de los bienes finales el aumento de sus costos. No obstante, para Cesteros ésta no es la cuestión central, ya que la Argentina importa tan sólo 13% de su PIB, “una cantidad baja en relación a los demás países”. Heymann coincidió: “Lo interesante es que estos países lograron cambiar el patrón del pass through a pesar de tener una industria que importa la misma o una mayor cantidad de bienes y servicios que nosotros. El problema en la Argentina es de coordinación y formación de expectativas”. “Históricamente, las devaluaciones han estado asociadas a aumentos pronunciados de la inflación y a caídas en el salario real, y esta experiencia traumática está presente en el argentino. Entonces, uno sube de precios sabiendo que los demás van a subir de precios porque así ha sido en el pasado”, explicó Cesteros. El resultado es evidente: el aumento de precios se termina por convalidar, como una profecía autocumplida.   Fuente