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IIEP en los medios


Lunes 24, septiembre, 2018

Feminización de la pobreza: cómo impacta el ajuste en las políticas de género

Los planes de ajuste y la caída de la actividad impactan más en las mujeres, que participan de la economía con los empleos de segmentos más informales. El recorte del gasto también siembra dudas sobre la posibilidad de implementar políticas de cuidado, como proponen todos los especialistas, para poder mejorar la participación de las mujeres en el mercado laboral.  “Hay un primer déficit importante que es la informalidad”, señala la economista Roxana Maurizio, investigadora del Instituto Interdisciplinario de Economía Política, IIEP (UBA-Conicet). Dentro del 34% de trabajo en negro, en las mujeres la cifra sube a 37% mientras que para los hombres es el 32%, detalla en base a los últimos números oficiales disponibles. “Eso es esperable que se agrave con las turbulencias macroeconómicas”, agrega. Y marca que un cuarto de la informalidad se concentra en el servicio doméstico. Pese a los intentos de regularización, más del 70% de las mujeres que trabajan en casas particulares están en negro. Con la caída de la actividad a partir del segundo trimestre de este año, se prevé un deterioro del empleo. “La tasa de desempleo ya era de 9%”, señala Maurizio. Pero en las mujeres era del 11% y en las jóvenes, del 21%, remarca para poner en evidencia el mayor impacto sobre las mujeres que esconde el promedio. “Si se confirma una caída del -2,4% del PBI, eso implica que el desempleo aumentaría, salvo que se reduzca la tasa de participación económica”, explica la especialista en mercado de trabajo y protección social. A eso se suma la inestabilidad ocupacional, de ingresos. “Las mujeres tienen tasas más altas de rotación y salida que triplican las de los hombres”, remarca. Y también se agrega la discriminación salarial. De fondo. En el mediano plazo “es necesario avanzar con un sistema nacional de cuidado”, recomienda Maurizio, en línea con muchos especialistas. “Son sistemas que reducen las limitaciones que tienen las mujeres para participar del mercado de trabajo”.  “Las personas con mejores niveles socioeconómicos tienen más acceso al sistema de cuidado privado. La falta de un servicio público reproduce el círculo vicioso de falta de oportunidades en las mujeres de menores ingresos”, detallaba la economista Corina Rodríguez Enríquez, Investigadora del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas, en un seminario en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA la semana pasada. “La feminización de la pobreza estuvo creciendo mientras que en el resto de América Latina se redujo”, agregó.  Las licencias extendidas para los padres quedaron pendientes por estar atadas a la reforma laboral. “Esta coyuntura no debería detener la extensión de derechos a mujeres, menores y adultos mayores que deberían tener este sistema de cuidado para estar más protegidos”, sostiene Maurizio. Agustina Señoranz, subsecretaria de Promoción Social, Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires puso como ejemplo los centros de la primera infancia, que hoy cubren sólo el 20% de la demanda de cuidado. “Hay 76 centros de primera infancia que abarcan a 11 mil chicos. Se priorizan las vacantes para contextos de vulnerabilidad social”, asegura.  Para evitar que se agrave en el cuadro de recesión, Maurizio considera que es necesario “apuntalar y seguir tratando de reducir la informalidad en el sector de empleadas de casas particulares”, sostiene, además de –ante todo– evitar la destrucción de puestos de trabajo formales. En la experiencia internacional, las inspecciones ayudan. Como no se puede entrar en los hogares, recoge el ejemplo de Chile y Colombia, donde esperan a que las empleadas salgan de las casas para fiscalizar. La AFIP intimó en los últimos meses a quienes estimó que contaban con personal doméstico, en base a sus ingresos. Otra medida recurre a las transferencias de ingresos, los subsidios. “Hay que mejorar la coordinación entre los programas y extender la cobertura a quienes están en una situación laboral compleja”, agrega. Y remarca que el “seguro contributivo de desempleo cubre sólo al 10% de los desocupados, porque al sector informal no se lo cubre”.  Por otra parte, marca que es necesario ampliar la cobertura de la asignación universal por hijo, tanto en beneficiarios como en monto. Según las estimaciones, falta cubrir a 1,5 millón de chicos mientras que el monto actual no llega a cubrir una canasta alimentaria básica.  (Fuente www.perfil.com  Patricia Valli) 

Viernes 07, septiembre, 2018

Dólar: Argentina tiene el traspaso a precios más alto de América Latina

Dólar: Argentina tiene el traspaso a precios más alto de América Latina (por Santiago Lilo) El país tiene un bajo coeficiente de importaciones a PIB, pero el impacto es brusco porque no están ancladas las expectativas inflacionarias como en Chile, Perú, Colombia o Brasil. Cuando la economía local sufre una devaluación es esperable que los agentes trasladen parte de ésta y suba del tipo de cambio a sus precios, un fenómeno conocido como pass through. Si bien se ha vuelto un mecanismo habitual en el mercado, una investigación realizada por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) revela que la Argentina es el único país de la región que aún no ha logrado disociar los movimientos del dólar con la inflación. “El problema del pass through elevado no es un fenómeno específico de nuestro país. La mayoría de las economías de la región, por no decir todas, lo han padecido durante décadas. El punto es que éstas han podido solucionarlo, y nosotros no”, dijo Santiago Cesteros, el investigador del IIEP que encabezó el estudio, bajo la tutela del macroeconomista Daniel Heymann. Los datos son claros. Por ejemplo, Brasil y Colombia sufrieron una devaluación promedio de su tipo de cambio en el 2015 de casi 40%, y la inflación ese año fue de 10 y 5%, respectivamente. Lo mismo sucedió con Chile y Perú en el 2015 que, con una depreciación cambiaria de 15 y 12%, la aceleración de los precios de estas economías fue, en promedio, de 4 y 3 por ciento. “En estas economías, devaluaciones, digamos, de 30 o 40%, implican subas de precios relativamente bajas”, afirmó. El caso argentino va por el camino contrario. La relación entre precios y devaluación se mantuvo elevada en los últimos años. Es así que, cuando el exministro de Economía, Axel Kicillof, devaluó en el 2014 al peso en 49%, la inflación ese año terminó en 37 por ciento. La tendencia alcista del pass through se verifica aún más con la salida del cepo cambiario a fines del 2015. Entre diciembre de ese año y noviembre del 2016, se registró una devaluación de 62%, que provocó parte de la suba de precios de 37%, según compara el estudio. Para Cesteros, la receta que logró cortar con el fenómeno del alto pass through en las economías vecinas fue la aplicación de metas de inflación pero, aclara, en contextos macroeconómicos estables. “En todos los casos de la región, las metas de inflación fueron impuestas por los bancos centrales después de varios años de caída de la inflación”, aclaró. Este proceso se dio en Chile, Brasil, Colombia y Perú entre 1999 y 2002. La versión más difundida en la academia que explica por qué la Argentina no logra escapar a este fenómeno es por su estructura productiva: una industria poco diversificada que importa gran parte de los insumos y que, ante una devaluación, traslada al precio de los bienes finales el aumento de sus costos. No obstante, para Cesteros ésta no es la cuestión central, ya que la Argentina importa tan sólo 13% de su PIB, “una cantidad baja en relación a los demás países”. Heymann coincidió: “Lo interesante es que estos países lograron cambiar el patrón del pass through a pesar de tener una industria que importa la misma o una mayor cantidad de bienes y servicios que nosotros. El problema en la Argentina es de coordinación y formación de expectativas”. “Históricamente, las devaluaciones han estado asociadas a aumentos pronunciados de la inflación y a caídas en el salario real, y esta experiencia traumática está presente en el argentino. Entonces, uno sube de precios sabiendo que los demás van a subir de precios porque así ha sido en el pasado”, explicó Cesteros. El resultado es evidente: el aumento de precios se termina por convalidar, como una profecía autocumplida.   Fuente

Sabado 15, septiembre, 2018

El impacto de la suba del dólar Con la inflación en alza, ya exploran la idea de acordar precios y salarios

El impacto de la suba del dólar  Con la inflación en alza, ya exploran la idea de acordar precios y salarios  (por Ezequiel Burgo) Para muchos economistas la clave pasa ahora por evitar una espiral que desemboque en la apreciación del peso. El viernes se cumplieron diez años de la crisis de Lehman Brothers. Entre muchas de las cosas que se escribieron en estos días en la prensa global, sobresale la idea de que en las crisis nadie sabe nada, pero principalmente, quienes toman decisiones. La volatilidad cobra intensidad, la descoordinación de los go gobiernos crece, los pronósticos erran y así la incertidumbre aumenta. Salvando las distancias -el episodio Lehman gatilló una recesión global, la peor en 80 años-, la crisis argentina actual deja acaso el mismo sabor: los responsables lucen confundidos y descoordinados. El Gobierno recurrió a una fórmula ortodoxa para frenar la volatilidad cambiaria: ajuste fiscal, suba de tasas, encajes y un paquete con el FMI para quebrar las expectativas negativas del mercado y la presión sobre el dólar. La apuesta de Macri-Dujovne es que funcione algo que se llama‘rol catalizador’ del FMI: su sello bajaría el riesgo país.   Los pasos dados hasta el momento no arrojaron resultados. Todavía existe una indefinición sobre el manejo del dólar y a dos meses de firmar el acuerdo, el tipo de cambio saltó 35% sólo en agosto. Las consecuencias de ese movimiento brusco se sentirán. Elypsis estimó que la inflación en la segunda semana de septiembre fue de 2,5%-3%, igual ritmo que en la primera. El mes daría 6%. “El escenario optimista es una tasa de 45% en el año”, dice Gabriel Zelpo, de la consultora. ¿Y ahora? Quizá por la amenaza que entabla esta aceleración inflacionaria, y pese a que la Argentina negocia un nuevo programa con el FMI y el Central una regla de intervención cambiaria, tanto en el entorno de Macri como en el de los economistas privados se menciona la necesidad de concretar un acuerdo o esquema entre el Gobierno, empresarios y sindicatos para frenar la indexación de la economía ante la suba del dólar. ¿Quiénes hablan de la necesidad de algún acuerdo entre Gobierno, empresarios y sindicatos? Economistas de visiones y generaciones diferentes. Aclaran todos ellos: son medidas que funcionan por un período y dentro de un contexto determinado como ser un plan de estabilización. El macrismo (desde los debates en la Fundación Pensar) descartó siempre este menú de opciones. Pero ese contexto cambió y encima no logró quebrar la inercia inflacionaria. Miguel Kiguel, economista y autor de un trabajo sobre planes heterodoxos para frenar la inflación, explica que “en la práctica algún tipo de coordinación es necesaria entre las tasas altas, el ajuste fiscal, la intervención del Central en el mercado cambiario y un acuerdo de este tipo”. Hablar de estos mecanismos implica muchas veces la idea (¿falsa?) de que en la Argentina y el mundo fracasaron. Al menos así ha pasado con las acciones compulsivas. “Por eso debe ser un acuerdo de caballeros, establecer una pauta de suba para adelante y en sectores específicos, precios puntuales de alimentos o medicamentos. Puede ayudar como en 2002 lo hizo la mesa de diálogo”, dice Kiguel. Tampoco es cierto que no hayan funcionado en el mundo: España a finales de los setenta, Israel en los ochenta y Chile en los noventa. Tres economías que partieron de niveles de inflación cercana a 30% y lograron desinflarse en diez años. Eduardo Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la UTDT, aclara. “La mala fama viene de la década del ochenta cuando Argentina tenía déficit fiscal crónico que se financiaba con emisión”. El economista explica que si un Banco Central emite por arriba de una pauta en el marco de una herramienta así, “el acuerdo se rompe”. Lo mismo si se otorgan aumentos salariales arriba de lo estipulado. Un informe de Goldman Sachs comentó esta semana que “el desafío principal de Argentina es evitar una apreciación significativa del peso o una espiral de precios-salarios que erosione la ganancia de competitividad cambiaria que se ganó en los últimos meses”. El Estudio Broda calcula un dólar a $ 56 a fin de 2019 por ejemplo para evitar un deterioro así. La herramienta que utiliza el Gobierno hasta el momento para defender esa competitividad y una escalada mayor de la inflación fue no reabrir las paritaria. ¿Pero por cuánto tiempo lo conseguirá? En el entorno de Cambiemos un sector desliza que un acuerdo es más necesario que nunca para ordenar las expectativas de inflación, evitar así la erosión de la ventaja cambiaria y un aumento de la conflictividad social. Alfonso Prat-Gay, cuando era ministro, se pronunció a favor. Sin embargo, otra ala del Gobierno insiste que estas herramientas no han funcionado en el pasado o que aún no están dadas las condiciones. “Además, tenemos precios cuidados”, se jactan. Para Daniel Heymann, macroeconomista y profesor de la UBA, estos acuerdos son más bien de “un instrumento macroeconómico” y que “Precios Cuidados sirve más para sostener el salario real”. Según Elypsis, los Precios Cuidados equivalen a 0,1% de la lista total de costos de la economía. ¿Y las paritarias? ¿acaso no son una forma de acuerdo de precios y salarios? El Gobierno siempre se ha resistido a explicitar una pauta general. Apostó más bien a que cada empresa y sector negociara a lo largo del año. Pero dado el actual contexto, ¿es la mejor estrategia? “La pregunta relevante es si la paritaria se va a fijar a partir de la interacción descoordinada de muchas empresas y sindicatos actuando aislados, o a partir de una acción coordinada que nos permita evitar una aceleración excesiva de la inflación” dice Iván Stambulsky, economista de la UBA. Por último, casi una digresión técnica pero que bien vale para explicar la dificultad de dar un paso así o que requiere tener los cálculos bien hechos. “Hace falta definir una trayectoria de inflación realista, un programa monetario consistente, un sendero del tipo de cambio que preserve el valor del peso y una regla de intervención del Banco Central para defender la moneda”, dice Levy Yeyati. Conclusión: una vez que la macroeconomía dé señales concretas de estabilidad, entonces un acuerdo sí podría acortar la inercia inflacionaria. Pero no antes. Tal vez por ello hayan fallado en Argentina. “Creo que algún esquema político hará falta en el país”, dice Marina Dal Poggetto, directora de Eco Go. Los famosos Pactos de la Moncloa en España, de los que tanto se habla, fueron en buena medida un Pacto Social para bajar una inflación de 27%.

Viernes 07, septiembre, 2018

Retenciones a los servicios, una medida inédita.

Retenciones a los servicios, una medida inédita (Por Juan Manuel Repetto) La decisión del Gobierno de aplicar retenciones a las exportaciones de servicios representa un hecho inédito en la Argentina y apunta a un sector, el de los llamados servicios basados en conocimiento, que en las últimas décadas experimentó un fuerte crecimiento, llegando a generar ventas anuales al exterior por 6.200 millones de dólares. Así se expresó Andrés López, investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP-BAIRES) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, quién estudia el sector de los servicios, y en particular aquellos basados en conocimiento. López recordó que el Gobierno actual definió a los servicios basados en conocimiento como un sector clave de la economía argentina. Así se pronunció repetidas veces el Ministerio de Producción e incluso el mismo presidente Mauricio Macri. Y advirtió si bien las medidas actuales, que aplican una retención de 4 pesos por cada dólar exportado, aún deben ser avaladas por el Congreso, ya generaron reclamos entre los referentes del sector. El investigador destacó las transformaciones que registró el sector en las últimas décadas: “Hoy, además de lo servicios que exportamos tradicionalmente, como turismo o fletes, desde hace al menos 15 años vendemos a otros países cantidades considerables de servicios basados en conocimiento, que incluyen software, informática, contabilidad, gestión de recursos humanos, ingeniería, investigación y desarrollo, diseño y arquitectura, entre otros”. Continuar leyendo

Viernes 10, agosto, 2018

Movilidad laboral: el trabajador casi siempre pierde

Movilidad laboral: el trabajador casi siempre pierde La movilidad laboral es un proceso que se da, en mayor o menor medida, en todos los países. El problema surge cuando la misma redunda en peores condiciones laborales para el trabajador o cuando, directamente, lo lleva a quedarse sin empleo. La condición primordial para que la situación tienda a mejorar es que el país ingrese en un período de crecimiento sostenido. Pero con eso solo no alcanza, también deberían implementarse diversas medidas tendientes a realizar inspecciones laborales a empresas grandes y medianas, y políticas productivas que apuntalen a las empresas pequeñas e incentivos para la formalización de los trabajadores. stas son algunas de las conclusiones a las que arribó un estudio que abarca indicadores promedio de la Argentina y de América Latina entre los años 2003 y 2015, el cual fue realizado por la docente e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IEP) de la Facultad de Ciencias Económicas e investigadora del CONICET, Roxana Maurizio, conjuntamente con Luis Beccaria, también docente de la FCE. “Lo que hicimos fue medir cuál es la intensidad de la movilidad ocupacional de los trabajadores en la Argentina, pero en comparación con otros países de la región. Y, a su vez, comparar esta rotación con respecto a la de países desarrollados, particularmente europeos y los Estados Unidos”, explica Maurizio, para luego contar más en detalle el abordaje del trabajo: “La intensidad de la movilidad tiene que ver, primero, con la frecuencia con que se mueven los trabajadores en el mercado de trabajo. Esto quiere decir que puede salir de un trabajo para ingresar a otro. O de una ocupación para ir al desempleo o pasar a la inactividad. El segundo punto es caracterizar estas transiciones. Por ejemplo, si se da de una ocupación informal a una formal, de una ocupación formal al desempleo, del desempleo a la formalidad, etcétera. Y también nos interesó determinar cuáles son los trabajadores que tienen mayor rotación en el mercado de trabajo. Por último, quisimos saber si esta rotación que analizamos fue en algún sentido buena o mala. Es decir, si se trataba de una carrera ascendente en el mundo del trabajo, con progresos, mejores salarios y condiciones o si estábamos ante un escenario excluyente, lo cual implicaría que las persones rotaran entre la formalidad laboral, la informalidad y el desempleo”. En su trabajo, denominado La rotación laboral en América Latina, los investigadores analizaron la situación de la Argentina, Brasil, Ecuador, México, Paraguay y Perú, con datos obtenidos a través de las encuestas de hogares de los distintos países. Y, para llevar a cabo la comparación a través del tiempo, necesitó hacerlo, como mínimo, dos veces en cada uno de ellos. “En el seno de estos países hay mucha heterogeneidad, pero, en conjunto, todos muestran una inestabilidad ocupacional medida en términos de salida de una ocupación hacia otra y hacia el desempleo o a la inactividad. Ese es nuestro indicador concreto de la inestabilidad. El cual, en todos los casos, es mucho mayor que el de los países desarrollados que analizamos: Alemania, Gran Bretaña y los Estados Unidos. Ante este escenario regional existía la posibilidad de que la mayor rotación fuera como consecuencia de un mercado más dinámico que creara más empleo, el cual podría ser de calidad. Pero, finalmente, veremos que no era así”, anticipa la docente. Más allá de las características propias de cada país, en la región hay una clara inestabilidad ocupacional que tiene que ver con la salida del trabajador de una ocupación hacia otra y/o hacia el desempleo o a la inactividad. En el contexto del análisis, Maurizio pondera la importancia de esta información a la hora de discutir políticas de flexibilización laboral en América Latina, las cuales ya se discutieron en la década del 90 y que hoy en día vuelven a ponerse en el centro de la escena. “Sobre todo en un contexto como el de nuestro continente, donde los países son de por sí más flexibles que los desarrollados, lo cual se debe, en general, a que la situación macroeconómica es más inestable en nuestra región, y esto impacta en el mercado de trabajo. Pero también se debe a las propias características de los mercados de trabajo, que son los que tienen mayor incidencia de empleo no registrado o a tiempo determinado, entre otras cuestiones. Además, hay que sumar el hecho de que existe una mayor inestabilidad macroeconómica regional que viene del exterior y que tiene su impacto en los niveles de inestabilidad ocupacional. Por ejemplo, suele suceder que, ante una crisis en un mercado sectorial, una empresa de la región termina por reducir su personal o directamente cerrar la planta”. Dentro de este conjunto de países de analizados de América Latina el estudio concluyó que hay mucha heterogeneidad en cuanto a la rotación. Por un lado, Brasil y la Argentina son los países más estables, en el otro extremo están Paraguay y Perú. Y México y Ecuador, se encuentran en una franja intermedia. “Particularmente en la Argentina, del total de sus trabajadores, casi un 30%, a lo largo de un año, tuvo movilidad laboral. En mayor medida hacia otra ocupación, aunque también lo hizo hacia el desempleo o la inactividad. Los puntos en común con otros países tienen que ver con otras cuestiones, como en quiénes son los trabajadores que mayor tasa de rotación poseen. Los más estables son los trabajadores formales, registrados en la seguridad social. Esto sucede por varias razones, la principal es que, llegado el caso, hay un costo de despido que asumir por parte del empleador. Como grupo intermedio, en esta inestabilidad, están los cuentapropistas, que son los trabajadores independientes que no tienen otros trabajadores a cargo. El sector más inestable es el de los asalariados no registrados en la seguridad social, los llamados trabajadores en negro”, desglosa la investigadora. Una vez demarcados los sectores con mayor y menor rotación laboral, el trabajo se enfocó en determinar si dicha movilidad era positiva o negativa para el trabajador, teniendo en cuenta que las salidas malas son hacia el desempleo, hacia un puesto no registrado o cuentapropista no profesional. “En general, en América Latina, las salidas son hacia destinos malos. La menor salida hacia un destino malo en la región lo tiene Brasil, con un 40% de los trabajadores que presentaron movilidad. En el caso de la Argentina, ese porcentaje es altísimo: un 70% (o sea, del 30% que sale de una ocupación la mayor parte va a un destino malo), el cual es muy parecido al resto de la región. No tanto por su paso al desempleo, sino a trabajos precarios”, adelanta la docente y luego fundamenta: “Los trabajadores que más rotación tienen son los informales y, cuando lo hacen, pasan a otro trabajo informal o hacia el desempleo. Esto se debe a que el puesto informal no tiene ningún costo de despido, además son trabajos inestables, por lo general pertenecientes a pequeñas firmas, las cuales sufren en mayor medida las inestabilidades económicas”. En la Argentina, el 70% de quienes tienen movilidad laboral lo hace hacia un destino peor. Algunos pasan a ser desempleados, pero la mayoría se ubica en trabajos precarizados. Además de ser informales, los trabajadores con mayor rotación también tienen otros puntos en común: “Hay una alta correlación entre los trabajadores informales y un menor nivel educativo. A la hora de despedir trabajadores, el empleador suele empezar por los menos calificados, porque en general desarrollan tareas menos complejas, tuvieron menor entrenamiento en su puesto y les cuesta menos dinero indemnizarlos. Como la mayoría de estos trabajadores no tienen seguro de desempleo, porque provienen del mercado informal, suelen no pasar al desempleo porque no pueden darse el ‘lujo’ de estar buscando por mucho tiempo un buen trabajo, sino que tienen que tomar el primer trabajo que encuentran, el cual suele ser otro puesto informal. Entonces se produce un círculo vicioso en el que los trabajadores tienen nulos ingresos cuando están desocupados o bajos ingresos cuando ingresan a la informalidad. Este tipo de rotación caracteriza a un amplio sector del mercado de trabajo de la región”. Como contrapartida, en el otro extremo está la rotación de trabajadores formales. “Si esta se pudiera ver mejor a lo largo del tiempo, demostraría cambios ascendentes. Aunque, por supuesto, estamos hablando de porcentajes muy bajos”, aclara Maurizio. Como una especie de contrapartida a este panorama poco alentador, la investigadora rescata que “hay que aclarar que esto es un panorama promedio de la región. Ahora, si miramos a lo largo de la década, en general se produjo un proceso de formalización laboral. Hubo un crecimiento en el porcentaje de asalariados registrados en la seguridad social en buena parte de la región, el cual fue particularmente positivo en la Argentina, Brasil, Paraguay y Ecuador. Y, en buena medida, se trata de una formalización a la que llamamos ‘in situ’, es decir que el trabajador informal fue formalizado en el mismo puesto en el que se desempeñaba en ese momento. Esto explica alrededor del 50% de la formalización que se produjo en la Argentina y Brasil. El análisis se complejiza si se tiene en cuenta el sistema de seguridad social de los países de la región, el cual tuvo avances en esos años, con esquemas de transferencias hacia los niños y los adultos mayores, y más políticas de empleo”. Pero como contrapartida agrega: “Lo que pasa es que se trata de un sistema que suele ser poco desarrollado, que no cubre a la totalidad de la población y que no brinda un sostén de ingreso cuando se transita el desempleo o la inactividad”. A modo de conclusión, la docente sostiene: “No hay un solo factor que pueda explicar este proceso de formalización laboral en estos años estudiados, sino más bien una combinación exitosa de, al menos, tres pilares. Uno es el crecimiento económico sostenido, quizás como condición necesaria, porque un empleador que contrata un trabajador de manera formal lo hace porque cree que va a ser un contrato a largo plazo. Otro pilar son las políticas específicas, como la inspección laboral, sobre todo en empresas medianas y grandes. Y, por último, ciertos incentivos para la formalización”. Pero como en materia económica todo tiene su salvedad, en esta oportunidad no hay excepciones: “Solo con el crecimiento económico no alcanza. Y como ejemplo tenemos a los años 90, donde hubo un proceso económico alto, del 8 al 9%, pero con aumento de la informalización laboral. Así como tampoco alcanza con las inspecciones laborales, mucho menos en las empresas pequeñas, en las cuales está el 60% de la informalización laboral, pero donde la solución pasa, primero, por una cuestión de políticas productivas, y luego por el control”, finaliza Maurizio.